Llegamos a nuestro asiento 45 minutos antes del comienzo del encuentro, y fueron esos minutos precisamente en los que más gritamos todos los madridistas que habíamos acudido al fondo que queda en frente de The Kop. Justo hasta el momento en que sonó el himno que ya conoce cualquier aficionado al fútbol. Ver cómo todo el público extiende su bufanda cantando “You’ll never walk alone” no tiene precio. Era gracioso porque mientras duró la canción, la mayoría de madridistas, en lugar de levantar nuestras bufandas a modo de respuesta, lo que levantamos fue la cámara para grabar el momento, dejando así una estampa curiosa. Poco después empezó el partido que todos visteis, y sólo puedo decir que desde la grada madridista se sentía cada ataque del Liverpool como un golpe que nos iba dejando hundidos poco a poco, igual que a los jugadores, que sucumbieron de manera estrepitosa a un estadio que se hizo escuchar. Pese a que por dentro veíamos la hazaña cada vez más imposible, continuamos animando, casi todo el partido de pie pese a que los empleados del estadio nos obligaban a sentarnos. Muchos optaron por tomarla contra el “Liverpool’s number nine” insultando al hombre que nos dio la Eurocopa el pasado verano. Eso sí, el cambio de Gerrard llevó consigo una ovación insuperable, en la que participó prácticamente el 100% del estadio, al son del “que será, será” sustituyendo esta letra por el nombre del capitán red. Sin embargo, de todas las canciones que se pueden escuchar en un partido en Anfield, la que te deja realmente de piedra es “Fields of Anfield Road”, sobre todo en el momento en que se ponen todos a saltar siguiendo el ritmo ligeramente acelerado de la canción. Teníamos todo un graderío encima y por momentos parecía que se vendría abajo.
Avanzada la segunda parte, la megafonía anunciaba que los blancos tendríamos que permanecer en nuestro asiento hasta que se vaciara el estadio por motivos de seguridad mientras la afición red nos dedicaba un doloroso “adiós”, a lo que no tuvimos otra que responder que nosotros éramos los “reyes de Europa”, pese a que el equipo no lo estuviera demostrando. Cuando finalizó el partido, y después de que volvieran a cantar el YNWA celebrando el pase a cuartos, comenzaron a gritarnos “Madrid, Madrid” mientras abandonaban el estadio y nosotros lo agradecimos con un “Liverpool, Liverpool” que conciliaba a las dos aficiones. Al retirarse los jugadores madridistas se acercaron a donde estábamos para agradecer el apoyo y hubo aplausos y pitos, terminando con un claro “Iker, Iker” reconociendo el mérito al único que había estado al nivel exigido. Poco más tarde salieron algunos jugadores del equipo local a hacer ejercicios y estirar, demostrando la gran profesionalidad del equipo de Benítez. En el estadio ya sólo quedábamos los madridistas, y algunos de ellos que se situaban en la parte más baja de la grada, le cantaron a Mascherano una canción bostera mientras la gran mayoría aclamábamos una vez más a Gerrard reconociendo su calidad a pesar de habernos marcado dos goles.
Poco después abandonábamos el estadio y la ciudad en un viaje de vuelta en el que las caras de todos nosotros mezclaban el sueño con la decepción. Pero en las cabezas de mi hermano y mía siempre quedará la experiencia de todo el viaje y de vivir un partido en el alucinante ambiente de Anfield por encima del chorreo que marcó la historia del Real Madrid. Y la promesa de volver.
Por cierto, al final sí estuvo allí ;)


