
El sábado sentí vergüenza de ser madridista, de llevar puesta la misma camiseta que algunos jugadores que se dedicaban a dar una paliza a un chaval que intentaba marcar un gol. Me produce asco ver a personas que se hacen llamar deportistas ensañándose de esa manera contra alguien de su gremio. Eso no es hacer una falta, ni siquiera es una entrada violenta que merezca expulsión. No, eso es agredir a un compañero de trabajo, pegar una paliza entre tres a un joven que está en el suelo. Por mucho que ocurra en un campo de fútbol, eso no tiene nada que ver con el deporte, y los involucrados deben ser castigados. Me niego a aceptar que los jugadores de mi equipo protagonicen esa acción y no vean castigo, no del comité de árbitros, sino del propio club, del entrenador o de quien sea. Yo no quiero animar a unas personas que en vez de dedicarse a jugar al fútbol, prefieren emular el comportamiento de los skinheads.
Foto: www.elpais.es